En el gris

esta la magia

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Contexto

Usualmente caemos en la trampa del falso dilema de comprender la dicotomía entre “lo tranquilo” y “lo intenso” como si fueran excluyentes entre sí, en lugar de opuestos complementarios.

Nos encontramos constantemente enfrentándonos ante dos patrones de comportamiento con sus respectivas variantes de respuestas sociales:

Conceptos

Intensidad – el DURO: Por momentos, se premia la intensidad siendo la misma reflejada en la productividad, el trabajo duro, esfuerzo y pasión por lo que uno hace y, por otro lado, muchas veces se la juzga como negativa, excesiva, extrema. Se suele alabar al Duro y felicitarlo por las cosas que logra, su crecimiento, reconocimiento social, energía, foco y fuerza para conseguir lo que desea. Como contracara, se lo critica por trabajar demasiado, dedicarle muchas horas a lo que hace, descuidar otros aspectos de la vida, etc… Al duro se lo suele asociar con el racional, estratega y con foco en su intelecto.

Tranquilidad – el BLANDO: La tranquilidad suele ser valorada como el fluir, estar presente y relajado, sacarle cabeza a las cosas…Como contracara, esta actitud también es muchas veces criticada y enjuiciada. Al Blando se lo suele felicitar por su tranquilidad, la paz que transmite, el modo de afrontar situaciones que van sucediendo y su temperamento calmado. Al mismo tiempo, se lo critica por no tomar iniciativa, falta de interés en producir, no proyectar un futuro realista, etc.

Lo curioso es que el duro y el blando, por lo general, conviven en mayor o menor medida dentro de nosotros. 

La lucha de tensiones

Puede pasar que estos dos polos muchas veces entren en disputa. En esa pelea, uno mismo lucha contra sus extremos, por ejemplo, forzándonos a hacer ciertas cosas como anotarnos en una maestría para seguir creciendo aun sintiendo pereza frente a dicho objetivo y, por el otro lado, enojándonos cuando tomamos conciencia de que hace 12 horas nos encontramos frente a una computadora…

Ahora bien, ¿Cuántas veces nos reconocemos alcanzando objetivos, poniéndonos metas, progresando a nivel personal y profesional y sintiéndonos felices y realizados con dichos avances? Por el otro lado, ¿No nos pasa que cuando “bajamos algunos cambios”, relajamos nuestra mente, cuerpo y alma y estamos presentes disfrutando de lo simple, nos sentimos completos y en paz?

¿Y qué tal si ni el duro ni el blando fuera malo o bueno en sí mismo? ¿Y si lo “bueno” o “malo” estuviera netamente relacionado a eso que nos va haciendo sentido a nosotros en cada momento de nuestra vida dentro del sistema que elegimos habitar?

La propuesta: La integración

Pensar en el duro y el blando como dos caras de una misma moneda podría suponer una forma de concebir dichos patrones de forma más amigable.

Además de esto, reconocernos como seres que estamos siendo de determinada manera brinda cierta flexibilidad a la hora de, por ejemplo, reconocernos hoy más duros que blandos pero mañana más blandos que duros o bien, ante una situación particular me comporto más duro y en otra más blando.

¿Y si pudiéramos amalgamar ambos en función de lograr ese balance deseado caminando y disfrutando del camino a la vez? ¿Si no necesitáramos llegar a tocar ninguno de ambos extremos para encontrar el centro? ¿Y si pudiéramos andar por el camino de nuestra vida balanceando nuestra intensidad y productividad con tranquilidad y relajación en la proporción necesaria para cada uno de nosotros?

La propuesta es dejar de pelearnos con nosotros mismos. Conocernos. Habitarnos. Integrarnos. Reconocer nuestras partes y amigarnos con eso que estamos siendo. Darnos cuenta del duro y blando que tenemos dentro. De la medida que cada uno de ellos se encuentra y cómo quisiéramos que esas proporciones estén en cada área de nuestra vida.

Plan de acción: Pasos a seguir…

¿Y ahora, qué hago? ¿Cómo? Quizá la respuesta sea más simple de lo que pensamos con nuestro cerebro. Simplemente podría ser frenar a tomar conciencia de nuestra vida. De lo que somos, hacemos y tenemos en pos de reconocernos y elegir la vida que queremos vivir.

Una forma concreta puede ser plasmar nuestros planes, objetivos y los pasos a seguir para alcanzarlos a la vez que tener una rutina que permita reconectar con el presente y las pequeñas cosas que nos hacen sentido. Y así podría seguir con ideas sobre cómo materializar esto que mencionamos. ¿Lo importante? Que escribas tu propio camino teniendo como pilar que lo que sea que hagas se conecte con tus valores y la persona que estás siendo en este momento.

¿Para qué? Para disfrutar del proceso más grande que tenemos: Nuestra Vida.

Pueden encontrar la nota en la Revista Buena vibra aquí

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